jueves, 6 de agosto de 2009

Otra forma de enseñar y aprender ciencia

Programas piloto / Experiencia inédita en escuelas de Buenos Aires y Tucumán


Miles de alumnos de escuelas de las provincias de Buenos Aires y de Tucumán protagonizan en estos momentos una experiencia inédita: están probando tres programas piloto para el aprendizaje de la ciencia y la matemática inspirados en una visión innovadora, basada en la investigación, la resolución de problemas y, sobre todo, el juego creativo.

La iniciativa, de características inéditas, fue financiada con una donación [un instrumento cuyo nombre preciso es cooperación técnica no reembolsable] del Banco Interamericano de Desarrollo por dos millones y medio de dólares, que el Ministro de Eduación, Juan Carlos Tedesco, decidió invertir en la evaluación de los programas Proyecto de Alfabetización Científica (PAC), Matemática para Todos, y Ciencia y Tecnología con Creatividad (CTC). Cada uno fue asignado a alrededor de 30 escuelas de cada provincia elegidas al azar en los partidos de Lomas de Zamora, Lanús y Avellaneda, en Buenos Aires, y de San Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Cruz Alta y Tafí Viejo, en la provincia del noroeste.

"Los proyectos PAC y Matemática para Todos fueron desarrollados por personal de las áreas curriculares del ministerio y proponen la enseñanza a través de la indagación -dice Annie Mulcahy, licenciada en ciencias políticas y máster en educación, y coordinadora del Programa de Mejora de la Calidad de la Enseñanza de las Ciencias Naturales y la Matemática-. El primero se inspira en los postulados del programa francés La main a la pâte [las manos en la masa, de Pierre Léna], con módulos para los docentes, kits para los chicos, capacitación. El segundo se basa en llegar a la matemática a través del juego."

El tercero, CTC, fue desarrollado por Ben Sangari, un físico nacido en Irán, pero de nacionalidad británica, graduado en el King´s College, de Londres, que desde hace más de una década reside en Brasil.

Al frente de un equipo de un centenar de científicos, psicólogos y pedagogos, Sangari diseñó y sometió a prueba en medio millón de chicos brasileños un sistema que propone recuperar para el aprendizaje escolar el gozo infantil del descubrimiento, al tiempo que ofrece a los maestros algo así como un paquete "llave en mano": un armario de 100 kg con materiales para la experimentación, un libro y un diario de ciencias por alumno, y libros para los docentes, además de un programa de capacitación intensiva para docentes y directivos a cargo de tutores.

Aunque el ministerio es renuente a hacer comentarios de los distintos programas en evaluación porque -aclara Mulcahy- "2009 es el año de la implementación y no hay una decisión a priori sobre ninguno", Sangari, que fundó una empresa para comercializar su sistema para la escuela primaria cuya filial en la Argentina se inaugura el lunes, se prestó al diálogo.

"Empecé a desarrollar los programas de educación científica para escuelas primarias aproximadamente en 1997 -dice, desde San Pablo-. Nos llevó alrededor de diez años de investigación y desarrollo completar la solución, y llevarla al estadio en que nos sentimos cómodos como para presentarla a los sistemas educativos."

Ese período, en el que desarrollaron un prototipo, lo dedicaron al testeo y la verificación en más de 100.000 chicos. "En 2007 comenzamos con la implementación en gran escala, después de probarlo en escuelas públicas y privadas, y en diferentes realidades socioeconómicas, zonas geográficas e infraestructuras. En este momento lo aplican más de 400.000 alumnos de escuelas públicas y privadas de 18 estados del Brasil. Y llegará a un millón en marzo próximo."

Y enseguida agrega: "Desde que nacen, los chicos aprenden tocando cosas, poniéndolas en sus bocas, tratando de sentirles el gusto, usando todos sus sentidos. Aprenden a través de la investigación. Pero a los seis años empieza la escuela y súbitamente ese proceso se detiene. Nuestro programa es una solución completa e integrada para que los chicos continúen en la escuela el proceso natural de aprendizaje a través de la investigación al que están acostumbrados, para que construyan su propio conocimiento haciendo, experimentando, preguntando..."

Para Diego Golombek, asesor principal del programa, cuya adaptación e implementación para nuestros contenidos escolares realizó la doctora en biología Melina Furman, "lo bueno de este sistema es que viene avalado por decenas de miles de chicos".

Sus resultados, asegura, son "impresionantes": "A los chicos de Brasilia y de otras ciudades del Brasil les ha cambiado la visión de la ciencia. No sólo ellos, sino también los padres y los maestros están fascinados. Lo que rompe con el tabú de que en la escuela primaria sólo hay que enseñar a sumar, restar y multiplicar. Y lo más interesante es que los resultados no sólo redundan en que entienden más sobre ciencia, sino que mejoran en el resto de las materias".

Dice Sangari: "No sólo aumentó la motivación de los chicos, sino también su capacidad de retener información y su habilidad de utilizar sus conocimientos para resolver problemas. Es en eso que nos concentramos."

Este método tiene, en Brasil, un costo que ronda los 10 dólares mensuales por alumno, aunque ese número depende de diversos factores. La Argentina sería el primer país fuera de esas fronteras que lo aplicaría, lo que exige una adaptación a la realidad local que estará en manos de un equipo dirigido por la pedagoga Inés Dussel.

Dice Mulcahy: "Lo más rico de esta experiencia es la evaluación".

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